octubre 20, 2015

¿Para qué tantos Rezos?

¿PARA QUÉ TANTOS REZOS?

Curiosa la conversación entre dos amigos en torno a la conveniencia o no de rezar. Uno -llamémosle Juan- afirmaba:

-Oye, si yo fuera Dios, la verdad es que me resultarían terriblemente aburridas las interminables oraciones de algunos.

El otro -llamémosle, en un alarde de imaginación, Pedro- contestó a la objeción:

-Es verdad, menos mal que tenemos la suerte de que tú no seas Dios. Él tiene bastante más paciencia que tú, ¿te enteras? Fíjate que hace miles y miles de años que hace nacer las flores en primavera, una vez y otra, y continuará en ello. Tú, muchacho, ya te habrías cansado hace tiempo, y ni flores.

Volvió a la carga Juan, que todavía tenía alguna pega que exponer:

-Además, Él ya lo sabe todo: ¿qué sentido tiene rezar para que se cure mi tía Felisa o mi tatarabuela, si El ya sabe si seguirán viviendo o no? ¿Eh, qué te parece ésta?

Pedro se limitó a contestar con buen sentido común:

-Efectivamente, como saber, sabe todo, y desde la eternidad.

Por ejemplo, que tú vas a rezar por ellas, ¿no? Pues eso es lo que cuenta.

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